Todo desarrollador tiene sus inicios

 

Después de 30 años, por fin, ha caído en mis manos una de las máquinas con la que todo empezó. Parece mentira que haya pasado tanto tiempo y más aún que un artículo como éste y la máquina a la que va dedicado consiga emocionarme como lo hace. Os adelanto que éste va a ser un artículo muy personal y en él verteré una cantidad importante de recuerdos y sensaciones de mi niñez. No apto para nostálgicos, avisados estáis.

 

Spectrum, que nombre tan adecuado

 

Para mí ha sido un auténtico espectro, no había manera de que fuera real. Más de 30 años soñando volver a tener uno para desatar toda la nostalgia que contienen y no has sido hasta el día de hoy en que lo he conseguido.

Todo comenzó aproximadamente sobre el año 85. Yo apenas tendría 3 años, pero he sido muy precoz en lo que a tener recuerdos se refiere. Si bien no recuerdo el día que trajo mi padre nuestro primer «ordenador» sí que recuerdo muchísimas anécdotas entorno al dispositivo que nos ocupa hoy.

Pero para entender toda esta locura, quizá deberíamos ponernos en la piel de quién lo compró y la época en la que lo hacía. Ahora es lo más normal tener un PC, incluso dos incluyendo portátiles, toda suerte de videoconsolas y móviles, es decir la tecnología no es para nada ajena a nadie a día de hoy. Pero ésto no era así hace 30 años, unos poquitos más. El precio oscilaba entre las 40.000 y las 50.000 pesetas, entre 240 y 300 euros de la época, comprar una de éstas maquinitas que no se sabía para qué valían era de valientes.

Casi que merecería la pena hacer un artículo a parte señalando los juegos que han marcado el inicio de mi vida como jugador, pero hoy nombraremos algunos de ellos. No sé si os pasa a vosotros pero yo, a pesar del tiempo que ha pasado, no he dejado de tener en mi cabeza las melodías de muchos de éstos juegos, incluso a día de hoy sigo silbándolas. ¿Qué tendrán estas pequeñas y arcáicas piezas de entretenimiento?

 

Las tres luces de Glaurung

 

Una joya del software español, ésto si que era un juego endiabladamente difícil y no lo que podemos jugar hoy en día. No había puntos de guardado, ni consejos, ni pociones, ni nada de nada. Si morías empezabas de cero, si dejabas de jugar, la próxima partida empezabas de cero. Mapas laberínticos que sólo podías desentrañar con la ayuda de las revistas especializadas y guías, pero que rematadamente divertido era a la vez que frustrante. Recuerdo que mi padre llegó de comprar el periódico con ésta cinta, inmediatamente nos pusimos a probarla y desde aquel día sigo enamorado de éste juego. Y sí, en aquella época los juegos se compraban en los kioscos, no os podéis imaginar la cantidad de cintas que colgaban de los expositores, hacíamos como con los cromos, nole, nole, nole, sile, sile, nole…

 

Auf Wiedersehen Monty

 

Porque en la época también aprendíamos idiomas. Éste título impronunciable para un niño tan pequeño, luego por el cine supe pronunciarlo, tenía una de las canciones más pegadizas que he escuchado en mi vida. Un juego de plataformas primitivo pero que me encantaba. No tenía ni la más remota idea de qué tenía que hacer, así que me limitaba a dar saltos por todo el mapa, pasando pantallas, diversión por diversión. El protagonista era un simpático topo y ésta era su segunda entrega. La primera, Monty on the run, también lo había jugado, pero ésta se me grabó a fuego.

Siempre he tenido en la cabeza su melodía, así que un día, hace unos 3 años ya, me decidí a investigar si podía contactar con su compositor. Dí con una web donde parecía que se podía hablar con uno de los compositores, Ben Daglish, mítico compositor, porque repasando su trabajo descubrí que es el hombre detrás de muchas otras canciones que siguen ahí metidas en mi cabeza. Me decidí y le mandé un correo. Con un precario inglés, por la emoción, le conté lo que supuso su trabajo. No esperaba que fuera a tener respuesta, pero sí, sí que la tuve. El propio Ben se sorprendía ante los halagos que le hacía y me agradecía tremendamente mis palabras. Por diversos motivos uno de mis socios de entonces fue a pasar un mes a Londres, bastante cerca de donde tenía residencia Ben. Me atreví a preguntarle si estaría dispuesto a concertar una cita con nosotros, a lo que me dijo que sí. ¡No me lo podía creer!

Lamentablemente la cita no pudo concertarse, Ben había recaído del cáncer de pulmón que finalmente acabó con su vida el pasado 1 de octubre de 2018. Descansa en paz, maestro, a mí ya me has hecho el hombre más feliz del mundo al poder haber intercambiado unos mails.

 

Fernando Martín Basketmaster

 

El primer juego de la mítica Dinamic que cayó en mis manos y el primero que tenía una figura del deporte como imagen de marca. Hasta hace no mucho todos los años me echaba mis partiditas, al menos una al año, gracias a los emuladores, eso sí. El juego era un 1vs1 donde uno de los jugadores era el gran Fernando Martín, el primer español en jugar en la NBA. Era alucinante, podías machacar el aro y encima cuando lo hacías tenías una repetición con zoom en la canasta. Podías machacar de lado, de espaldas, de frente, la de horas que he pasado jugando tanto solo como con mi hermano. El control era bastante complicado, pero ¿qué no era dificil en los juegos de aquella época?

 

Podría seguir así durante mucho tiempo, enunciando una cantidad enorme de juegos, pero lo bueno si breve, dos veces bueno. Todo desarrollador, y jugador, tiene sus inicios y hoy os he compartido los míos. ¿Con qué máquina empezaste tú? ¿Cuál es el primer juego que viene a tu mente si piensas en ella? Espero que os haya gustado y que os haya traido buenos recuerdos.

 

¡Hasta la próxima!

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